La crisis de abasto de agua
en el Valle de México, apenas comienza
Es necesario que tanto las autoridades como los ciudadanos
dejemos de pensar en la problemática del agua como un tema
que sólo tiene que ver con arreglo de tuberías o bombas,
cambio de válvulas, presas medio llenas o presas medio
vacías
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
14 de abril de 2009.
Este
domingo, las autoridades del Gobierno del Distrito Federal
declararon superada la contingencia resultante del tercer
corte en lo que va del año del suministro de agua
proveniente del Sistema Cutzamala. Previamente, la Comisión
Nacional del Agua agilizó los trabajos de sustitución de dos
válvulas y un tubo de conducción, adelantando en cinco horas
el tiempo programado para reabastecer a la Ciudad de México
con el vital líquido. Durante las próximas 48 horas, dicen
las autoridades, se normalizará la situación.
Hoy se
percibe en el ánimo de muchos capitalinos la idea de que se
libró exitosamente la contingencia y de que las cosas ahora
volverán a ser como antes en el consumo habitual de agua.
Pero también otros piensan –y piensan bien- que éste es sólo
el inicio de una crisis mayor y largamente anunciada en
materia de abasto de agua para la Zona Metropolitana del
Valle de México.
Por ahora,
la contingencia no tuvo impactos sociales graves porque las
autoridades federales, las mexiquenses y las del Distrito
Federal, tomaron medidas para prevenir y atender a los
municipios y a las delegaciones afectadas por el corte de
agua. Sólo en la capital del país, el gobierno local
distribuyó casi 50 millones de litros de agua a través de 5
mil pipas. Por su parte, y gracias al oportuno anuncio de
los trabajos en el Sistema Cutzamala, la ciudadanía tomó sus
precauciones y almacenó agua extra en casa (a veces –hay que
reconocerlo- en cantidades dispendiosas). Se libró el golpe,
como quien esquiva un zapatazo de un reportero enfurecido.
Sin
embargo, es necesario que tanto las autoridades como los
ciudadanos dejemos de pensar en la problemática del agua
como un tema que sólo tiene que ver con arreglo de tuberías
o bombas, cambio de válvulas, presas medio llenas o presas
medio vacías. Tenemos que preocuparnos y ocuparnos
–autoridades y ciudadanía- de la protección integral de los
ecosistemas que hacen posible el ciclo del agua, pero
también de favorecer una cultura del uso racional del
líquido. Sólo así podremos garantizar la viabilidad y la
sustentabilidad de ciudades como Toluca o el Distrito
Federal, entre muchas otras en todo el país.
Como lo
revela un estudio reciente del Instituto de Ingeniería de la
UNAM –publicado hoy por Iván Sosa, de Reforma-, la totalidad
del Sistema Cutzamala está sumido en un deterioro ambiental
de costos y con consecuencias inimaginables. Las cuencas que
rodean a cada una de sus siete presas, están deforestadas y
notablemente urbanizadas; consecuentemente, el suelo sin
cubierta vegetal es arrastrado por el agua de las lluvias y
termina azolvando el fondo de las presas. De igual forma,
las actividades agrícolas (que consumen más del 70 por
ciento del agua dulce en el país) cuentan por miles ya tomas
clandestinas en las tuberías del Sistema Cutzamala, para
satisfacer sus crecientes necesidades de agua. Y, por si
fuera poco, hay pendientes infinidad de obras de soporte,
mantenimiento, reparación y modernización a lo largo de todo
el Sistema Cutzamala.
La crisis
del agua en el altiplano mexicano apenas está comenzando. El
dispendio del agua en la ciudad, el descuido en la
conservación de los recursos naturales y la histórica falta
de inversiones, tecnificación y desarrollo de las
actividades productivas del campo, están teniendo
consecuencias que, de seguir postergando su atención, serán
devastadoras social y ambientalmente.
Valoremos
el agua y adoptemos una cultura para su uso correcto e
inteligente. Pero –también- busquemos los mecanismos de
participación ciudadana a través de los cuales podamos
exigir a las autoridades, en todos los órdenes de gobierno,
llevar a cabo las inversiones y acciones pertinentes para
conservar los bosques, realizar obras de infraestructura y
prevenir el desabasto del agua. ▄