Mañana
–por fin- tomará posesión de la presidencia de los
Estados Unidos el señor Barack Obama. Las expectativas
de prosperidad que cobijan millones de estadounidenses
pero, también, pueblos enteros alrededor del mundo,
pesan ya sobre los hombros de este histórico personaje
que llega este martes a la Casa Blanca heredando una
crisis financiera de proporciones aún incalculables.
En el
tema del medio ambiente y los recursos naturales del
planeta, vivimos hoy también una crisis sin precedentes
y, desde luego, no son menores las esperanzas
depositadas en Obama para frenar y revertir fenómenos
como el calentamiento global, la incontenible
deforestación o la pérdida acelerada de especies
animales, entre otros problemas que ya están impactando
a la seguridad mundial.
A
diferencia del presidente Bush, quien permanentemente se
negó y se opuso a asumir compromisos concretos para
reducir la contaminación por CO2 generada en los EEUU,
Barack Obama ha lanzado señales claras de que su
administración tomará el liderazgo mundial para lograr
una reducción drástica de la emisión de gases de efecto
invernadero (de los que, por cierto, su país es
responsable de la tercera parte en el planeta).
En el
plan de gobierno que perfiló Obama desde su campaña (y
que está disponible en
www.barackobama.com), el tema de la protección del
medio ambiente aparece estrechamente vinculado al
capítulo de la generación y uso de la energía. Esto no
es fortuito al constatar que una de las variables que
alimentaron a la actual crisis financiera, fueron los
volátiles precios del petróleo; pero, también, hay un
reconocimiento tácito (que Bush jamás asumió con
seriedad) de que el calentamiento global y
–consecuentemente- el cambio climático tienen como
principal origen la quema de enormes cantidades de
petróleo para obtener energía.
Obama
ha planteado –para los próximos diez años- la
implantación de políticas de consumo eficiente de la
energía, lo que además reducirá la dependencia de los
EEUU del petróleo de otros países; se ha propuesto crear
al menos 5 millones de puestos de trabajo “verdes”, para
desarrollar energías limpias y así, en el año 2025, una
cuarta parte de la energía consumida por los
norteamericanos provenga de fuentes limpias y
renovables.
En un
claro intento por llevar a su país al liderazgo en
cuanto al abatimiento de los gases de efecto
invernadero, Barack Obama ha formulado el reto de que
los EEUU reduzcan sus emisiones de CO2 –para el año
2050- en un 80% (en comparación con el 50% fijado por la
Comunidad Europea para el mismo año).
Una
serie de propuestas más del ya mañana presidente de los
EEUU, entusiasman a quienes presenciamos la diaria
pérdida de los recursos naturales y de la biodiversidad
en nuestros países y en el planeta entero. Por ejemplo,
se impulsará la fabricación de automóviles híbridos en
los EEUU (lo que seguramente desencadenará la producción
mundial de esta tecnología); también, se pretende
“aclimatar” un millón de viviendas de estadounidenses de
bajos recursos, a fin de hacer en éstas más eficiente el
consumo de la energía; se impulsarán tecnologías
“limpias de carbón” y habrá más seguridad en la
generación de energía nuclear; así mismo, se buscará
desarrollar la agricultura ecológica, rescatar el
patrimonio natural y ecológico, así como involucrar
plenamente a los EEUU en los mecanismos internacionales
para luchar contra el cambio climático.