Mitos sobre tiburones y
murciélagos ignoran su valioso papel en equilibrio de
ecosistemas
Cada año son matados entre 55 y 100 millones de tiburones en
el mundo; muchas veces, sólo por obtener su aleta con
supuestas propiedades afrodisíacas
En México, se ha frenado la pérdida de poblaciones de
murciélagos, gracias a la divulgación de sus beneficios
ambientales: UNAM
Noticiero Antena Radio / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué Puedo Hacer Yo?, con el
Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
10 de noviembre de 2008
Sabemos que muchas de las especies animales que hoy están en
peligro de extinción, han llegado a ese punto por causa del
deterioro sistemático de los ecosistemas y por la muchas
veces irreparable pérdida de sus hábitats naturales. Y es
que una sola especie animal en todo el planeta –el ser
humano- ha sido el principal destructor de la riqueza
biológica, fundamentalmente por el desmedido avance de las
actividades agrícolas, la ganadería intensiva o por el
explosivo crecimiento de la infraestructura urbana e
industrial. Pero también contribuye a la pérdida de especies
animales en todo el mundo, nuestro extendido desconocimiento
del papel que éstas juegan en el equilibrio de la vida.
Y, desafortunadamente, nuestra ignorancia es tierra fértil
para que prosperen falsas creencias, mitos culturales y el
descuido, lo que incluso nos ha llevado a darles una pésima
reputación a ciertos animales que son importantísimos para
el equilibrio de la vida. Un ejemplo de lo anterior es el
tiburón, criatura tan espectacular como temible, que desde
hace 400 millones de años juega un papel fundamental para la
salud de los mares y los océanos en la Tierra. En los años
setenta, y gracias a la saga cinematográfica de “Tiburón” (Jaws),
se nos hizo pensar equivocadamente que se trataba de un
animal intrínsecamente maligno y que el ser humano formaba
parte de la dieta de este maravilloso escualo (lo que es
totalmente falso).
Más allá de que la famosa película haya o no desatado una
matanza de tiburones en muchas costas del planeta, lo cierto
es que su mala reputación (que no rebasa los 60 ataques
accidentales por año en contra de humanos) nos llevó a
descuidar irresponsablemente la subsistencia de sus
poblaciones. En la actualidad –y sin que muchos reclamen por
ello-, cada año son matados entre 55 y 100 millones de
tiburones, de las 98 especies que existen en todo el mundo.
En muchas ocasiones, este crimen es sólo para obtener su
aleta que, por ser rica en proteínas, mucopolisacáridos,
calcio y fósforo, se han empleado en Oriente desde tiempos
inmemoriales para elaborar una sopa a la que se le atribuyen
propiedades curativas y hasta afrodisíacas.

El día de ayer, la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza (UICN), lanzó una alerta mundial al
constatar que cerca del 27 por ciento de las especies de
tiburones, mantarrayas y quimeras, tan solo en el Atlántico
Norte, están en grave peligro de extinción. La principal
causa de esto –explican-, es la sobreexplotación de las
pesquerías en esa región del planeta. Y si bien existen
limitaciones legales para el aprovechamiento de los recursos
marinos en algunas naciones, lo cierto es que no están
aparejadas con las recomendaciones hechas por los
científicos.
En México, otro mamífero con muy mala reputación por las
falsas creencias y los mitos culturales -el murciélago-, ha
protagonizado recientemente una historia de éxito que nos
muestra que sí es posible revertir las tendencias de la
pérdida de especies. Investigadores
del Instituto de Ecología de la UNAM, aseguran que ha sido
posible frenar la pérdida del murciélago. Hace apenas diez o
quince años, las poblaciones de murciélagos decrecían más
rápido que cualquier otra especie de mamíferos en el país,
fundamentalmente por la creencia que tenían muchas personas
de que se trataba de un animal maligno y pernicioso.
Afortunadamente, con el trabajo de información y divulgación
realizado por la UNAM sobre la importancia que tienen las
138 especies de murciélagos en el país, se ha detenido el
linchamiento y los ataques en contra de sus colonias. Ahora,
muchos entienden que, gracias a los murciélagos, ha sido
posible controlar –entre otros beneficios ambientales-
plagas del algodón y del maíz en el norte del país
(ya que cada millón de murciélagos es capaz de comer hasta
10 toneladas de insectos cada noche); que frutas como
la guayaba, el chicozapote, el zapote negro, el capulín o la
pitaya,
entre otros, crecen gracias a que sus semillas son
dispersadas por los murciélagos,
pues cada individuo es capaz de dispersar entre dos y cinco
semillas por metro cuadrado cada noche.

Así que, antes de sentirse complacido al ver que han matado
a un tiburón en la playa donde usted va a nadar, o de sacar
un collar de ajos por la presencia de un murciélago cerca de
su casa, yo le recomiendo informarse sobre el importante
trabajo que realizan y los servicios que nos brindan estos
maravillosos animales que, injustamente, han cargado con tan
mala reputación. ▄