Cambio climático: reto formidable para la humanidad
El cambio climático amenaza a la vida en el planeta
Por
Francisco Calderón Córdova /
Revista 365 días para vivir
con salud
Ciudad de México
Lunes 29 Enero, 2007
Durante
los últimos diez o quince años, todos hemos escuchado sobre
el “cambio climático” o el calentamiento global del planeta.
En los meses recientes, y ya desde hace algunos años a la
fecha, hemos sabido que se alcanzaron temperaturas récord en
ciudades como Mexicali, Guadalajara, Hermosillo y Zacatecas,
e incluso que en otras latitudes del mundo en las que
tradicionalmente el clima era templado (como Francia,
Holanda o Inglaterra), ahora los termómetros rebasaron los
30º C –o más- durante el verano. Debemos comprender,
estimado lector, que el cambio climático es un fenómeno muy
complejo que se manifiesta principalmente por el aumento de
la temperatura promedio de la atmósfera, pero también que
éste tiene consecuencias nunca antes vistas en los patrones
del clima en todo el mundo, como la presencia de sequías muy
prolongadas en zonas agrícolas, mayor intensidad y cantidad
de precipitaciones en los trópicos, y huracanes con mayor
fuerza destructiva en los océanos, entre otros efectos que
día a día percibimos con mayor claridad.
Desde
luego, ya no existe polémica respecto a la realidad o no del
cambio climático, pues su presencia y efectos destructivos
cotidianamente saltan a la vista por todas partes. Además,
existe cada día mayor consenso entre los especialistas en el
tema respecto a que el cambio climático es producto,
fundamentalmente, de la actividad humana y del desarrollo
industrial.
Todos
coinciden en que se trata de un fenómeno generado e
intensificado por el uso desmedido de combustibles fósiles
(carbón, petróleo, gasolinas, diesel, gas natural y los
combustibles derivados del petróleo), así como por la
intensiva e irracional devastación de grandes extensiones de
bosques que ha venido haciendo el ser humano en
prácticamente todas las regiones del mundo.
¿Qué es cambio climático?
Por "cambio climático" se entiende un cambio
de clima atribuido directa o indirectamente
a la actividad humana que altera la
composición de la atmósfera mundial y que se
suma a la variabilidad natural del clima
observada durante períodos de tiempo
comparables (Convención Marco de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
Artículo 1, Definiciones 1992).
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Y los
pronósticos formulados por los científicos que estudian este
fenómeno son desalentadores, porque indican que cada vez
tendremos climas más extremosos y fenómenos climáticos más
radicales en todo el orbe: veranos cada vez más cálidos,
aumento de las sequías sobre terrenos fértiles, lluvias más
intensas en algunas regiones y menos frecuentes en otras.
También, de forma paralela, las capas de hielo que
actualmente encontramos en los polos y en las montañas más
altas se han venido derritiendo de manera acelerada durante
los últimos quince o veinte años, lo que aumentará de forma
inevitable el nivel medio del mar y cubrirá permanentemente
amplias zonas y ciudades costeras.
Por otra
parte, estudios revelan que el calentamiento global está
cambiando los patrones de conducta de algunas especies
animales y vegetales, así como las cadenas básicas de la
vida, o que las temperaturas altas favorecen ya el
surgimiento de nuevas amenazas bacteriales o virales y que,
incluso, se está deteriorando al principal generador de
oxígeno y sustento de la vida en el planeta: el plancton
marino.
Así, es
muy fácil advertir que las consecuencias previstas del
cambio climático son alarmantes y, sin duda alguna, ponen en
peligro la existencia misma de la vida en la Tierra.
¿Qué hacer para revertir esta fatal tendencia?
Si bien
algunos gobiernos del mundo están emprendiendo acciones
concretas para atacar las causas y revertir las actuales
tendencias del cambio climático (sobre todo a través del
Protocolo de Kyoto -1999-, que busca establecer compromisos
nacionales para la reducción paulatina de las emisiones a la
atmósfera de los seis principales gases de efecto
invernadero); por otro lado, la urgencia del problema hace
necesario que todos y cada uno de quienes habitamos el
planeta emprendamos y sumemos esfuerzos individuales
encaminados a enfrentar éste que es uno de los retos más
formidables de la humanidad.
¿Qué es el
Protocolo de Kyoto?
El Protocolo de Kyoto se aplica a las
emisiones de seis gases de efecto
invernadero:
• Dióxido de carbono (CO2);
• Metano (CH4);
• Óxido nitroso (N2O);
• Hidrofluorocarbonos (HFC);
• Perfluorocarbonos (PFC);
• Hexafluoruro de azufre (SF6).
Y representa un importante paso hacia
adelante en la lucha contra el calentamiento
del planeta, ya que contiene objetivos
obligatorios y cuantificados de limitación y
reducción de gases de efecto invernadero.
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Participar
en la construcción de las políticas públicas y en la toma de
decisiones democráticas de nuestro país es, desde luego, una
estupenda vía para ordenar nuestras acciones como
colectividad y, así, buscar revertir las causas sociales del
cambio climático. Sin embargo, algo tan simple como
detenerse a reflexionar sobre los hábitos de consumo
cotidiano y racionalizar el uso de los recursos que
disponemos individualmente, es quizás el camino más certero
hacia la solución de este problema. No se trata de dejar de
usar, sino de hacer un mejor uso de la energía (como la
electricidad, el gas o la gasolina), de los productos que
adquirimos y de los residuos que generamos.
No tengo
dudas, estimado lector, que cuando asumamos al cambio
climático como un problema propio, que es generado tanto en
lo social como en lo individual, habremos avanzado entonces
en la dirección correcta hacia el principio de su solución.
